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Este gas también representa una oportunidad para liderar la transición energética. Puede servir de combustible para vehículos e industrias pesadas y para almacenar la energía generada de fuentes sustentables.

Argentina es uno de los países con mayores reservas de litio, metal necesario en las baterías para vehículos que van a ayudar a acelerar la transición energética. Sin embargo, no es la única tecnología en la que el país podría encabezar la lucha contra la crisis climática.

También podría ser líder en la producción de hidrógeno, otro vector energético que puede reemplazar a los combustibles fósiles, cuya combustión es responsable del calentamiento global.

El hidrógeno es un componente que puede descarbonizar parte de la economía, a diferencia de las baterías. El almacenamiento de energía en baterías a gran escala es muy dificultoso y, por lo tanto, el hidrógeno se convirtió en una gran alternativa para el almacenamiento y para la sustitución de combustibles fósiles”.

Así lo asegura Gabriel Correa, investigador del Centro Regional de Energía y Ambiente para el Desarrollo Sustentable (CREADS), de Conicet y la Universidad Nacional de Catamarca.

Hay tres funciones que puede cumplir el hidrógeno con el objetivo de acelerar la transición energética:

  • Alimentar los vehículos. Los vehículos que funcionan con celdas de combustibles requieren de hidrógeno para alimentar motores eléctricos. Es decir, en lugar de baterías de litio, los autos utilizarían esta otra tecnología. En cualquier caso, el funcionamiento no emite gases responsables de recalentar y contaminar la atmósfera. La ventaja del hidrógeno es que se trata de un recurso más abundante que el litio. También puede utilizarse como insumo para fabricar e-fuel (combustibles ecológicos) que pueden alimentar motores de combustión.
  • Almacenamiento de energía renovable. El hidrógeno puede utilizarse como un vector para almacenar energía producida desde fuentes renovables como la fotovoltaica y la solar. Cuando se generan excedentes de energía en momentos en que la demanda es baja, este exceso se puede utilizar para producir hidrógeno mediante la electrólisis del agua. Luego, el hidrógeno almacenado se puede usar para generar electricidad cuando la demanda es alta.
  • Descarbonización de sectores difíciles de electrificar. Algunas industrias utilizan combustibles fósiles para producir. Por su poder calorífico, el hidrógeno podría reemplazar al gas natural que necesitan calderas y hornos de fundición, entre otros eslabones de la cadena productiva. La combustión del hidrógeno no genera dióxido de carbono.

Impacto del hidrógeno en la lucha contra el cambio climático

La Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA, por sus siglas en inglés) estima que el hidrógeno podría contribuir con el 10% de la mitigación necesaria para alcanzar el escenario de aumento de la temperatura media global de 1,5 grados. En ese caso, el hidrógeno podría cubrir el 12% de la demanda de energía final. (https://www.irena.org/Energy-Transition/Technology/Hydrogen

Si bien la eficiencia energética, la electrificación y las energías renovables pueden lograr el 70% de la mitigación necesaria, se necesitará hidrógeno para descarbonizar usos finales donde otras opciones son menos maduras o más costosas, como la industria pesada, el transporte de larga distancia y el almacenamiento de energía estacional”, señala el informe de esta agencia.

La producción de hidrógeno de bajas emisiones 

Actualmente, se produce hidrógeno como insumo de industrias. Pero la mayoría se genera a partir de gas natural u otros combustibles fósiles. La expectativa es que Argentina pueda producir hidrógeno de bajas emisiones. Hay varios tipos y se los distingue con colores:

  • Hidrógeno verde. Se obtiene a partir de fuentes renovables de energía como el sol y el viento.
  • Hidrógeno rosa. Se obtiene a partir de la energía nuclear.
  • Hidrógeno azul. Se utiliza gas natural pero se complementa con tecnologías de captura, almacenamiento y uso de dióxido de carbono (CO2). Si no hay captura de gases, se llama hidrógeno gris y deja de ser de bajas emisiones.

El potencial argentino

El informe 2023 de la Estrategia Nacional para el Desarrollo de la Economía del Hidrógeno (conocida como ENH) señala que Argentina tiene varias ventajas que permiten proyectarla como una potencial productora de hidrógeno de bajas emisiones tanto para consumo interno como para exportar (https://www.argentina.gob.ar/asuntos-estrategicos/estrategia-nacional-para-el-desarrollo-de-la-economia-del-hidrogeno-0#:~:text=La%20Estrategia%20Nacional%20para%20el,como%20insumo%20para%20la%20industria

Según la ENH, el foco debe estar puesto en el potencial para la producción de hidrógeno verde con fuentes solares en Cuyo y el Noroeste, y con eólica en la Patagonia. 

Parque solar en Jujuy, uno de los más grandes del planeta.

Pero no son los únicos recursos, el sistema científico argentino cuenta con más de 17 mil profesionales en ciencias aplicadas. Un ejemplo de ello es del grupo de Correa, que junto con colegas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y Conicet, ya construyeron el primer prototipo nacional de electrolizador de 5 kW de potencia. El electrolizador utiliza la energía eléctrica renovable para desarmar la molécula de agua (H2O) y producir hidrógeno. (https://www.unc.edu.ar/ciencia-y-tecnolog%C3%ADa/se-present%C3%B3-en-la-secyt-el-primer-electrolizador-desarrollado-en-el-pa%C3%ADs-para)

Y el país también tiene experiencia en algunas industrias, cuyas técnicas serían muy útiles en la cadena del hidrógeno. Argentina ya cuenta con dos plantas experimentales de producción de hidrógeno: Hychico, en Chubut, y Pico Truncado, en Santa Cruz. Esta última produce hidrógeno verde.

A su vez, se está avanzando en una normativa. En junio de 2023 el Ejecutivo Nacional envió al Congreso de la Nación un proyecto de ley de Promoción del Hidrógeno de Bajas Emisiones con una ventana temporal de 30 años. Supone beneficios fiscales en toda la cadena de producción y protección para la industria y el trabajo nacional.

Cuánto hidrógeno puede producirse en Argentina

En la actualidad Argentina produce 0,4 Megatoneladas (Mt) de hidrógeno gris. El informe de la ENH prevé que el país puede producir 1 Mt de hidrógeno de bajas emisiones para el 2050. Y estima que podrá generar más de 82 mil puestos de trabajo para ese año.

En realidad, el potencial de Argentina para producir hidrógeno verde es tan grande como su capacidad para producir energías con fuentes renovables. Un estudio de 2015 realizado por investigadores del Laboratorio de Energías Renovables (LAES) de la UNC calculó la producción potencial de hidrógeno a partir de las tres energías renovables más importantes que dispone el país: eólica, solar y biomasa. (https://linkinghub.elsevier.com/retrieve/pii/S0360319914008490

Según este trabajo, si solo se utilizaba el 10% de tierra apta para proyectos renovables ya alcanzaba para reemplazar el total de la importación de combustible de Argentina para transporte que realizaba en ese momento. Es decir que, potencialmente, el país podría producir 10 veces la energía que tiene que comprar en el extranjero.

Desafíos ambientales del hidrógeno verde

A pesar de ser una forma sustentable de almacenar y transportar energía, el hidrógeno presenta desafíos ambientales. Por ejemplo, el hidrógeno rosa conlleva toda la polémica que hay detrás de la energía nuclear; mientras que el hidrógeno azul, si bien captura el CO2 que se emite, no está exento de que ocurran fugas de metano durante la extracción del gas natural.

¿Qué ocurre con el hidrógeno verde? Es la forma más sustentable de producirlo, pero tiene sus retos ambientales. El principal es que se requiere de una importante fuente de agua. En algunos casos se utiliza agua de mar, que previamente es desalinizada.

También puede haber un impacto ambiental asociado con la construcción de infraestructura, como parques eólicos o plantas solares. Otro desafío es cómo transportar este gas de manera segura, desde los sitios de generación hasta los sitios de demanda.

Finalmente, los electrolizadores y las celdas de combustibles que integrarán la cadena del hidrógeno demandarán la extracción de minerales y metales escasos y potencialmente contaminantes.

En este sentido, la ENH puso en marcha una Evaluación Ambiental Estratégica (EAE) para proveer alinear los objetivos productivos con las metas ambientales. Pero también para generar mayor certidumbre a las potenciales inversiones. “La implementación de esta herramienta es consistente con la adhesión de Argentina al Acuerdo de Escazú”, asegura el documento.